· l a s · v u e l t a s · d e · G u s t a v o ·
Él es Gustavo Pérez. Vive en la ciudad de Oaxaca y tiene once años.
Le dicen “Gus”, le encanta correr, brincar y dar vueltas en la plaza.
Puede dar seis vueltas seguidas y no se marea, es famoso por esto.
Un miércoles por la tarde sucedió lo que había soñado toda su vida.
Cada velita en el pastel de cumpleaños significaba el mismo deseo.
“Quiero que de tantas vueltas, al abrir los ojos esté en otro mundo”.
Giraba, soñaba, giraba. Todos lo veían, conocían su enorme sueño.
“¿Gustavo? ¿Eres tú el gran Gustavo? ¡Es él! ¡Es él! ¡Ha llegado!”.
Le dio miedo, pero era más su curiosidad por descubrir algo nuevo.
Finalmente se armó de valor, abrió los ojos, se asustó pero sonrió.
“¿Dón…de estoy?’’. “Bienvenido Gus, te hemos estado esperando”.
No. No podía creerlo. ¡Al fin había sucedido! ¡Por fin había viajado!
Monstruos de su edad, monstruos de su tamaño. Todos sonrientes.
“¡Hemos aprendido a rawrear por ti! ¡Escucha: RAWWWWWWWR!”.
“Ya conocemos Oaxaca. La casa azul de tu abuela y la verde de tu
primo Juan. Sabemos que no te gusta lavarte los dientes, pero que
igual lo haces. Al igual que tú, siempre nos caemos brincando la
cuerda y perdemos jugando matatena. ¿Quieres saber como vamos
y volvemos? ¡Girando! Sí. ¡Girando como tú!”, le dijo uno de ellos.
Se quedó a jugar ahí. Rawreó. Hasta logró ganarles en la matatena.
Era el lugar que había deseado. Su sueño se había hecho realidad.
Pero sabía que no podía quedarse ahí. No pertenecía a ese mundo.
La noche lo alcanzó, tenía frío, ahí nadie podía prestarle un suéter.
Gustavo vivía con la señora Elena a quien le gustaba llamar abuela,
con Juan y Ernesto, a los que quería como primos, casi hermanos.
Gus había tenido una infancia difícil pero se consideraba afortunado.
Después de la escuela boleaba zapatos en la Plaza con Don Ramón.
“De grande quiero ser zapatero de los buenos y famosos”, decía.
Se asustó. Sabía que este nuevo mundo era fascinante, pero ajeno.
“Debo volver… en casa deben estar preocupados. Pero… ¿cómo?”.
“¡Nosotros te ayudamos Gus! Te esperaremos, ven cuando quieras”.
Giró. Giró. Giró. Volvió. Ya lo esperaba su abuela Elenita para cenar.
Sabía que un mundo lo esperaba. Un mundo nuevo y asombroso.
Lo mejor: ya sabía cómo regresar a él.
